La increíble historia del Circo Servian: de aquella familia que escapó de la guerra hace 120 años y la difícil despedida del orangután Johnny al gran desafío que lograron superar
Cuando Cristian Servian habla del circo lo hace desde la emoción más profunda. No es sólo un espectáculo, sino una tradición que lleva tatuada en el ADN desde hace más de un siglo. Su bisabuelo escapó de la Primera Guerra Mundial y llegó a América con la única certeza de que el circo sería su hogar y legado.
Hoy, cuatro generaciones después, Cristian lidera junto a sus hermanas uno de los circos más reconocidos y queridos del continente, con una historia familiar que parece sacada de una novela.
«Mi abuelo tenía un circo enorme, el del canguro boxeador, lleno de animales y artistas. Mi papá repitió la historia y en 1993 creó el Circo Servian. Empezamos con una carpa vieja que se nos voló en la segunda ciudad a la que fuimos. Fue duro, cosimos la carpa a mano, trabajamos al aire libre, en escuelas, salones. Sobrevivimos a fuerza de amor por esta vida
El Circo Servian comenzó con artistas callejeros, juglares y saltimbanquis que recorrieron toda Sudamérica hasta radicarse en Argentina. Su abuelo se separó del grupo familiar para crear un circo emblemático con animales exóticos y espectáculos únicos, y su padre continuó la tradición. Según cuenta, la familia vivió siempre en ruta, él y sus hermanas lograron hacer la escuela gracias a un pase golondrina especial que permitía educación itinerante.
Cristian asegura que el secreto de la longevidad y el éxito del circo reside en el amor y el compromiso absoluto con esta forma de vida. Él recuerda con orgullo cómo, desde niño, aprendió malabarismo, equilibrio y otras habilidades mientras ayudaba con los animales y las labores del circo. «Mi padre siempre apostó fuerte por esto, lo amaba y hoy podemos decir que hemos logrado mantener vivo ese sueño y proyectarlo hacia el futuro con nuevas generaciones»,
revistagente. Dolores Moreno

